Anarquismo y sindicalismo
Estamos asistiendo atónitos a una serie de "recuperaciones" de buena parte de los militantes anarquistas por parte del poder y sus acólitos. Un caso muy singular es de Salvador Seguí, apodado cariñosamente "el Noi del Sucre", uno de los mayores exponentes de la militancia revolucionaria que forjó la CNT. Ahora nos lo intentan presentar como sindicalista catalanista o como un moderado dentro de las corrientes obreras. Incluso han dado su nombre a la Fundación de uno de esos sindicatos vendidos a las prebendas de la patronal y del Estado (él, que siempre vivió de su trabajo como pintor de paredes). Nosotros no pretendemos presentarle de ninguna manera; creemos que es mejor reproducir el texto de una conferencia que pronunció en el castillo de La Mola, en Mahón, el 31 de diciembre de 1920, casi tres años antes de caer asesinado por los pistoleros de la patronal.
Es creencia general que el sindicalismo no significa nada. Los equívocos que alrededor de esta negación se han formado son tantos, y algunos de tal magnitud, que conviene, de una vez para siempre, deshacerlos, destruirlos.
Que el sindicalismo no es nada, no sería nada, sin la espiritualidad irradiada del anarquismo, como afirman algunos, es condicionalmente verdad. Pero sólo condicionalmente.
¿Qué es el anarquismo?
El anarquismo es una gradación del pensamiento humano. Diríamos, mejor, que es la gradación más alta del pensamiento humano. Es una consecuencia lógica de las diversas fases que, a través de los tiempos, han sufrido las ideas, pasadas por el filtro del sentimiento.
Todas las ideas no son nada sin las personas que las crean. Si las personas no las creasen no existirían. Por lo tanto, pues, las ideas han sido determinadas por las personas.
La anarquía, repitámoslo, no es anterior al ser humano, porque si fuera así, los anarquistas dejarían de ser, espiritual y moralmente, lo que fueron y lo que son, para rendir culto fanáticamente a lo sobrenatural.
En este caso no se distinguirían los principios anarquistas de los deístas.
Y, precisamente, porque las ideas son creadas por el ser humano, concebidas por el ser humano, tienen consistencia y valor humano. En caso contrario, ya lo hemos dicho, nada serían; nada valdrían. Serían, sí, un valor negativo. Serían una negación de la conciencia de las personas. Concretemos.
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Salvador Segui (1887-1923)
Cualquier idea que no pase o no haya pasado por los procesos de la evolución no es más que elucubración mental.
El anarquismo tuvo que pasar por este proceso evolutivo del que hablamos. Si no fuera así, no se concebiría la anarquía como manifestación humana.
Tenemos que tener en cuenta también otra cosa. Que todas las ideas, tanto las más modestas como las más atrevidas, han sufrido este proceso de evolución. Lo demuestra el hecho de que ni una sola de las concebidas ha sido llevada a la práctica, se ha plasmado en realidades, en su concepción primitiva, en su integridad y pureza. Así las religiones; todas las concepciones filosóficas, económicas y políticas. Así nuestras ideas.
Hasta incluso algunas, de la concepción a la realización, han dejado en el tránsito pedazos de sus principios.
Ahora bien. Con cuanta más fe luchemos y cuanto más íntegramente sea planteada la lucha, más pronto y más felizmente se llegará a la realización de las ideas.
De lo contrario, tardarán más en realizarse cuanto más indiferentes seamos.
Pero tengamos en cuenta también, no lo olvidéis, porque el desengaño sería funesto, que las ideas pierden la integridad de la concepción originaria, de la misma manera que todas las ideas se bifurcan, con tal que se puedan llevar a la práctica, más o menos tarde, por los nuevos caminos abiertos, los de la realización más inmediata.
Una idea puede dar margen a nuevas concepciones ideológicas; a nuevas exposiciones. Puede ser motivo para crear organizaciones que, basándose en la concepción espiritual de la misma idea, cree de nuevas. Y aunque fundamentalmente no sean las mismas, no se pueden diferenciar en nada.
¿Qué es el sindicalismo?
Eso pasa con el sindicalismo. Porque el anarquismo, asentamos esta afirmación, da lugar al sindicalismo.
El sindicalismo es la base, la orientación económica del anarquismo. Digamos que es la concepción. La anarquía no es un ideal de realización inmediata.
No lo limita nada. Por su extensión espiritual, es infinito. Para su implantación, no tiene lugar ni tiempo. En el orden social de las ideas, las personas no conseguirán dominarlo nunca.
Hagamos otra afirmación referente el anarquismo, y es que, siendo la concepción ideal de la vida de las personas, no llegará a tener realización, porque es una perfección tal de pensamiento que por tenerla hace falta pasar por las fases del definitivo.
Al contrario de lo que ha pasado con las religiones positivas, que dieron formas tangibles a todo aquello que se propusieron que las tuviera, el anarquismo, por los motivos antes expuestos, no lo puede hacer.
Admitiendo que el anarquismo, a través de los tiempos, pudiera ser una realidad, no dudéis que antes dará margen a la creación de otras concepciones y otras escuelas, nacidas, evidentemente, de la concepción primitiva de la idea.
El anarquismo no llegará a hacerse realidad en su verdadera filosofía. Sería tanto como definirlo y limitarlo. Y eso, no.
El anarquismo no tiene un origen material. No nace en un punto para morir en otro. Es propio de la inteligencia y del sentimiento. Es la suma, como decíamos, de perfecciones humanas.
Por eso, el anarquismo es ya individualismo. De la misma manera que aquel ideal en su integridad es individualista, hay también la concepción colectivista que acepta las cosas más fácilmente realizables del anarquismo.
Es innegable, por tanto, que nuestra organización, que el sindicalismo, es hijo espiritual del anarquismo. ¿Y qué significado tiene el anarquismo?
Históricamente, es el resultado y una condensación del proceso del pensamiento; ideológicamente, es la condensación del pensamiento, al cual dieron vida los compañeros de la Internacional; prácticamente, es el arma, es el instrumento del anarquismo para llevar a la práctica aquello más inmediato de su doctrina.
Dicen que el sindicato no es nada. Se niega el valor del sindicato. Esta afirmación es un error. El sindicato es. Es cerebro. Cerebro y brazo. No se puede comprender el uno sin el otro.
Creo que los anarquistas pueden estar orgullosos, si el sindicalismo y su instrumento, el sindicato, plasman en realidad alguna o algunas de las concepciones del anarquismo. El sindicalismo tiende a usufructuar las prerrogativas que le son propias en el orden social.
Es claro que el sindicalismo no es anarquismo. Pero sí que es una gradación del anarquismo.
También se dice que el sindicalismo no tiene ideas propias. No es cierto. Es un error más en otra afirmación.
En los congresos celebrados en los años 1910, 1915, 1916, 1918 y 1919, el sindicalismo llega a precisar que se amparará de los instrumentos de trabajo. Y cuando se habla de la idea práctica del comunismo, se dice que eso es anarquismo. Sí, bueno, bien. Pero ¿de qué instrumento se valdría el anarquismo para conseguir la realización de su postulado económico? Del sindicato ¿verdad?
El anarquismo da alma y espíritu al sindicalismo. Pero que nadie dude que el sindicalismo es una promesa y una garantía para la precipitación de las ideas anarquistas.
¿Quién niega que el sindicalismo plantea y resuelve el problema económico, problema de los problemas? ¿Quién osará negar que el sindicalismo revolucionario y libertario, en su concepción económica, quién dudará, quién negará, repito, que sea el auxiliar poderoso y eficaz del anarquismo?
He aquí la virtualidad del anarquismo. Por esta razón no estamos de acuerdo con los socialistas. Ellos hacen hombres, pero no creen en su personalidad.
Los socialistas, con la obra que realizan retrasan el momento de la posesión integral de las prerrogativas sociales de la humanidad. Mientras haya quien crea que los problemas no los hemos de resolver por ellos mismos, delante de ellos mismos, sino que su solución depende de los otros, el ser humano no hará nunca nada. Quien crea en la organización estatal es un esclavo.
La virtud del sindicalismo, como tiene ideas propias, es relevar y sustituir los factores del capitalismo y de la burguesía.
La organización profesional del sindicalismo, orientado en un sentido revolucionario y libertario, se acerca al anarquismo.
Sindicalismo es la agrupación natural de los elementos de una misma profesión. Éste no solamente sustituirá los valores burgueses y capitalistas de los cuales he hablado antes, sino que dará garantías de moralidad y personalidad no dadas, hasta ahora, por ningún régimen burgués.
El sindicalismo, digámoslo ya, es la avanzada del anarquismo.
Salvador Seguí
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